Ars Ex Machina: El arte generativo y la "muerte del internet"
- 8 ene
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Actualizado: hace 3 horas
Opnión de Javier Lozano
En 2016 se hizo famosa una teoría sobre “la muerte del internet” en un portal virtual llamado Wizardchan, donde múltiples usuarios anónimos de la plataforma se unieron a un post publicado por IlluminatiPirate para discutir sobre la posibilidad de que el internet estuviera lentamente extinguiéndose.
A pesar de lo aciago que representa la idea y de lo exagerado que suena el comentario de “la muerte del internet”, la realidad es que se trata de una construcción lógica basada en la poca (y cada vez más nula) interacción humana que existe en el medio. Las interacciones reales y el magno propósito de un medio de comunicación accesible y libre están siendo reemplazados por granjas de contenido y bombardeos de información.
Más que morir como tal, el internet tiene hoy un significado diferente al que solía tener. La herramienta que nos permitía ejercer la libertad de expresión y comunicación está siendo controlada como medio de influencia en nuestra toma de decisiones diarias. La inteligencia artificial ha tomado una relevancia central como agente de cambio en la construcción de los llamados “algoritmos”.
Todo el contenido generado como medio de atracción para el consumo masivo es algo que hemos aceptado como comunidad, y la sensación de exploración o aventura ha sido reemplazada por el endless scrolling. No hay nada más que el internet nos pueda ofrecer, y eso está bien. Hemos puesto demasiada presión sobre el “medio del futuro”, olvidándonos de apreciar las ventajas y oportunidades que aún ofrece.
Todos contribuimos activamente a vivir en el mundo de los “trends”, el “scrolling”, el “fast content” y los videos creados mediante inteligencia artificial que tratan de imitar situaciones reales. La idea de consumir media artificial e irreal sin contar con las herramientas humanas para detectar el nivel de realismo con el que fue creada me asusta profundamente. La invasión del internet en el mundo real es potencialmente un peligro para una vida digna.
Colección "noisy circles" por michelleinspace
En este contexto surge el arte generativo, no como una anomalía, sino como una consecuencia lógica del internet contemporáneo. Ars Ex Machina (del latín: Arte de la máquina) no representa únicamente la automatización del proceso creativo, sino también la materialización estética de un medio saturado, predecible y cada vez menos humano.
Así como el internet dejó de ser un espacio de exploración para convertirse en una fábrica de estímulos, el arte generado por inteligencia artificial reproduce formas, estilos y emociones sin haberlas vivido.
No es el fin del arte, sino el reflejo de un ecosistema digital que ya no necesita experiencia para producir significado.
Aceptar el Ars Ex Machina como una evolución “inevitable” implica renunciar a una de las condiciones fundamentales de la práctica artística: la vivencia. La creación, entendida como un proceso que atraviesa el cuerpo, la memoria y el contexto, se diluye cuando la producción artística se reduce a una combinación estadística de datos preexistentes. En este sentido, el arte generativo no expande el campo artístico; más bien, lo comprime en un espacio donde habita y se alimenta de sí mismo.
Artistas y colectividades han comenzado a plantear interrogantes concretas sobre la propiedad intelectual, los derechos del artista y el papel del creador frente a estos sistemas automatizados.
En Montreal y Toronto, por ejemplo, festivales como el Provocation Ideas Festival han dado espacio no solo a exhibiciones de obras generadas con IA, sino también a debates públicos sobre su impacto social y ético, funcionando como foros de reflexión más allá del simple asombro tecnológico.
Al mismo tiempo, figuras como Dmitri Cherniak, cuyo proyecto de arte generativo Ringers produjo una serie de 1,000 obras únicas en blockchain (los llamados NFTs), muestran cómo el arte basado en código puede convertirse en un producto rentable sin aportar una crítica sobre los efectos estructurales de la automatización de la creatividad.
Su éxito comercial no solo corrobora la viabilidad económica del arte generativo, sino que también ilustra cómo estas prácticas pueden producir nuevas formas de colonización al subordinar el proceso artístico al mercado, a la especulación financiera y a circuitos de acumulación que reconfiguran el sentido de lo que entendemos por creación.

Desde mi perspectiva, debemos cuestionar el lugar que el Ars Ex Machina ocupa dentro de un sistema que confunde generación con creación.
La influencia de la inteligencia artificial, lejos de ampliar las posibilidades creativas en el proceso artístico, está consolidando lentamente una nueva forma de colonialismo cultural: un sistema que, mediante algoritmos, extrae el valor estético y simbólico para acumularlo y comercializarlo al margen de la experiencia humana, aquella que necesariamente otorga sentido pleno al arte.










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