top of page

Izzy Paez y El Sol

hace 11 minutos
2 min de lectura

Por André Escobar-Linares


Conocí a Izzy Paez un mediodía en la plaza Nathan Phillips Square en Toronto, vendía sus pinturas en un festival de artes plásticas. Ví a lo lejos una pintura de ella que decía “Hay alebrijes en Izalco” y siendo yo un migrante salvadoreño, me emocioné. Me acerqué a su puesto de venta, hablé con ella brevemente, intercambiamos instagrams y perdimos comunicación hasta que un año después supe que ella y El Sol tienen un vínculo cercano. 


Una noche mientras escroleaba, ví un video fugaz que Izzy subió a sus redes sociales, hacía una invitación para ir a El Sol, porque ella estaría allí pintando en vivo con música electrónica de fondo, una expresión artística multidisciplinaria que nunca había presenciado y a parte, conocer El Sol me llamó mucho la atención, por lo que busqué en instagram el perfil de Izzy, que por cierto, en mi opinión, está lleno de sus pinturas son oníricas, parecen sueños pueriles de una señora moribunda que busca inconscientemente entre sus recuerdos y fantasías una paz hogareña para poder morir sonriendo, algo macabro y tierno. Encontré su perfil y la contacté para acordar una plática sobre la relación entre ella y El Sol. Quedamos.


Llegué media hora tarde de lo acordado, sin carga en mi teléfono, sin mi billetera, con resaca y con dos cámaras. Me disculpé al llegar tarde, pero el restaurante El Sol no abriría hasta dentro de dos horas, por lo que había tiempo para una plática y para hacer unos cuantos videos y fotografías, fue entonces que me contó la historia de El Sol.


Cinco hermanos emigraron de México a Canadá en diciembre de 1989 con un objetivo: Unificar la gastronomía prehispánica y el arte popular mexicano y hacerlos coexistir en un solo lugar, fundaron entonces el restaurante y galería de arte El Sol al este de Toronto. Izzy es sobrina de Yolanda, la fundadora del restaurante en donde gestó desde niña su expresión artística, Izzy es, de alguna manera, hija de El Sol.


El restaurante cerró recientemente, el 16 de agosto de 2026, sin embargo, cuando un lugar tiene una radiación tan intensa que influye directamente en el desarrollo creativo de un artista, cuando un lugar tiene múltiples facultades: hogar, galería, restaurante, fortaleza anacrónica, es necesario más que un escrito, más que un vídeo para hacerlo perdurar en la memoria colectiva de un lugar tan agitado, convulso y a veces olvidadizo como Toronto, se necesita un grito mágico que sirva como tatuaje mental para que Toronto y otra ciudades recuerden y sopesen la importancia de haber tenido a El Sol en sus calles. Pero mis recursos son reducidos y solo puedo ofrecer un llamado honesto, a modo de escrito, a modo de reel con la esperanza que funcione como un eco de luz de los que antes emanaba El Sol cuando habitaba las calles de Toronto.



 
 
 

Comentarios


bottom of page